martes, 19 de junio de 2012

De vuelta a casa


Me despierto. Tengo la cabeza que me va a estallar y no he descansado nada, porque no estoy en mi cama. Entreabro un ojo y veo que entra claridad por las rendijas de la persiana. No tengo ni idea de que hora puede ser, pero por el cansancio que tengo encima debe ser por la mañana. Miro a mi lado y hay un chico. Pedro. Es obvio que anoche me acosté con él. Me aclaro la garganta ruidosamente y el rápidamente se da la vuelta hacia mí. Seguramente lleve despierto mucho rato, esperando a que yo me despierte y me vaya, y esta era la señal.
-          Buenos días, princesa. ¿Cómo has dormido?
-          Bueno, no es mi cama. - Intento esbozar una sonrisa con poco éxito.
 Me levanto y pongo la escusa de que es tardísimo y tengo un compromiso familiar. El me agarra del brazo y me vuelve a la cama. Me pone encima de él y me empieza a besar.
-          Para  anda, que tengo prisa.
-          Bueno seguro que te puedes quedar a desayunar conmigo. – Evidentemente me doy cuenta del tipo de desayuno que me va a ofrecer.
-          Me quedaría encantada, ya lo sabes. – Desde luego estoy deseando irme. – Pero tengo un compromiso, en serio, demasiado que no dormí en casa. – No insiste.
Me levanto y cojo mi ropa del suelo.
-          ¿Te importa si me doy una ducha?, estoy hecha un asco después de la noche de ayer.
-          Claro, toma una toalla, el baño esta al fondo del pasillo, es la puerta de la izquierda.
Me da la toalla, con bastante desgana, me parece que no le hace mucha gracia que me duche. Me meto en la ducha. Preferiría estar en casa. Salgo e intento arreglarme un poco, aunque es un poco difícil con la ropa de ayer. Además tengo una mancha de lo que quiera que bebiera ayer en la falda, y una cara que dice de todo menos “buenos días”.
-          Bueno, creo que es hora de irse. – El sigue sentado en la cama mirando el móvil.
-          Venga, que te acompaño a la puerta.
Me abre la puerta. Nos damos dos besos.        
-          Hablamos ¿no?.
-          Claro.
Evidentemente no vamos a hablar, y posiblemente no le vuelva a ver en mi vida. Mientras bajo las escaleras empiezo a pensar. Me sorprende porque tengo una resaca bastante gorda. Salgo del portal. Pedro es un chico que conocí hace unas dos semanas, un sábado que salí de fiesta con unas amigas. Después de estar toda la noche hablando me pidió el número de teléfono. Me llamo varios días. Nos dimos nuestros correos y seguimos hablando casi a diario. A mí me pareció el típico tío buenorro de discoteca, pero la verdad que me estaba tratando muy bien. Un día quedamos una tarde. Estuvo muy atento conmigo. Dimos un paseo por el centro y acabamos en la Plaza de Oriente. Me encanta ese sitio. Nos sentamos en el borde de la fuente. Se oía la música de un arpa. Lo puedo recordar casi como en una película romántica. Pero no paso nada. Bueno, sí. Nos dimos un tímido beso al despedirnos.  Anoche me llamo, el también iba a salir con sus amigos, asique quedamos para vernos un rato. Y así es como a acabado la cosa.

Entro en el metro. Vuelvo a pensar en mi aspecto. Es la una de la tarde y siento como la gente me mira. Pienso de nuevo en la mancha de alcohol en la falda. Seguramente se me caería o me la tirarían encima. Siento vergüenza. Y me intento tapar disimuladamente la mancha con el bolso, con lo que consigo que se me vea aun más. Busco en mi bolso y encuentro un chicle, aun que dudo mucho que me vaya a quitar el sabor pastoso que tengo en la boca. Doy gracias por llevar los cascos y me pongo algo de música, creo que me ayudara a no pensar en la resaca ni el lo duro que esta siendo esta vuelta a casa. Mr. Brightside de The Killers, “solo fue un beso” dice. ¿A quien le quitaría el sueño solo un beso de una noche? . Los ojos se van hacia mi mismo. Posiblemente a mi. La noche en la que conocí a Pedro, la verdad es que me hizo sentir especial. De esas veces en las que conoces a alguien que te ha elegido a ti, solo a ti. Y empiezas a hablar y te hace sentir realmente bien. Entonces te vas a casa y te llega el típico mensaje que estas deseando que te llegue. Que ridícula me siento al pensar esto ahora. Paso la canción y me fijo en cuál es la siguiente. Y decido que no ha sido buena idea escuchar música.
El metro para. Una señora que estaba a mi lado se corre un lugar en los asientos. Las puertas se cierran y miro al frente. El cristal esta oscuro y hace de espejo. Veo mi reflejo. La ducha no ha surtido mucho efecto. Tengo ojeras y mi pelo esta de esas veces que lo intentas arreglar y es peor. Estoy sudando. No tenía que haber dormido fuera de casa.

Salgo del metro. Creo que estoy actuando como una autómata programada para volver a casa, porque estoy demasiado cansada para marcarme alguna otra meta.
Abro la puerta del portal y subo las escaleras. No hay nadie en casa. Me quito los tacones y voy directamente a la nevera. Me quedo un rato mirando pero el sueño puede al hambre y solo cojo una botella de agua, que me bebo casi sin respirar.
Voy al baño y me lavo la cara y me cepillo los dientes. Me tiro en la cama. De repente me asusto de lo rápido que vuelven los pensamientos a mi cabeza, pero no me resisto, creo que es mejor que se me pasen por la cabeza ahora y olvidarlo. Sobre todo olvidarlo.
¿A que venían todas esas llamadas, todas esas conversaciones y todas esas caritas sonrientes que me ponía en los mensajes, si lo único que quería era acostarse conmigo? ¿A qué venía tanto interés, tanto esfuerzo y tanto cariño gratuito, para esto? La verdad que no tengo respuesta. ¿Que lleva a una persona a comportarse así con la única meta de conseguir sexo?
Tengo miedo de pensar que me ha engañado, porque a lo mejor esta es la norma. La norma de conducta que todas las personas son conscientes y buscan.

Y entonces en el fondo pienso que era consciente de lo que ocurría, que simplemente me deje llevar. ¿A lo mejor también era lo que yo quería? No lo sé, pero me siento bastante mal. Me estoy odiando a mí misma. Entonces me meto en la cama y pienso que es sábado y que seguramente vuelva a salir de fiesta esta noche, conoceré a otro chico y volverán las llamadas, las conversaciones, el interés y esas putas caritas sonrientes en los mensajes y, sobre todo lo que volverá  también serán más lamentaciones de vuelta a casa.


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